El crecimiento del fútbol femenino en América Latina: entre el entusiasmo y los desafíos

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Durante décadas, el fútbol femenino fue relegado a un segundo plano en América Latina. Sin embargo, en los últimos años, esa tendencia comenzó a revertirse. Cada vez más mujeres se suman a las canchas, los clubes incorporan equipos femeninos y las transmisiones por televisión dejan de ser una rareza para convertirse en una apuesta sostenida.

El cambio se refleja en las cifras. En 2018, la CONMEBOL exigió a los clubes participantes de torneos continentales que cuenten con un equipo femenino. A partir de allí, grandes instituciones como Boca Juniors, Colo-Colo, América de Cali o Palmeiras invirtieron en sus planteles de mujeres, mejorando condiciones de entrenamiento, cuerpos técnicos y competencias.

“Es un punto de inflexión. Antes entrenábamos en canchas prestadas, sin horarios fijos. Hoy tenemos ropa oficial, cuerpo médico y torneos regulares. Hay un compromiso más serio”, cuenta Andrea Ojeda, histórica goleadora de Boca.

Además de los clubes, las selecciones nacionales también han evolucionado. Equipos como Brasil y Colombia ya compiten de igual a igual contra potencias europeas. Argentina, México, Chile y Costa Rica muestran crecimiento sostenido. Los Mundiales y los Juegos Olímpicos dejaron de ser experiencias aisladas para convertirse en verdaderos procesos de consolidación.

Pero no todo es entusiasmo. Persisten desigualdades estructurales. Los sueldos, en la mayoría de los casos, están muy por debajo de lo que gana un jugador masculino de la misma categoría. Muchas futbolistas deben complementar su carrera con otros trabajos, y la cobertura médica o la estabilidad contractual siguen siendo temas pendientes.

“El machismo en el fútbol no desapareció, pero ya no nos callamos. Hoy hay más medios cubriendo, más hinchas apoyando, y más niñas soñando con ser futbolistas profesionales”, afirma Camila Arce, jugadora de Racing Club.

Las redes sociales también juegan un rol clave. Muchas jugadoras se convirtieron en referentes, no solo por lo que hacen dentro de la cancha, sino por lo que representan: esfuerzo, constancia y superación. La visibilidad digital les permite generar comunidad, presionar por cambios y vincularse con marcas que empiezan a ver en ellas un activo valioso.

En paralelo, se multiplican los torneos infantiles y juveniles para mujeres, un paso clave para construir una base sólida. Escuelas, municipios y clubes barriales comienzan a incorporar de manera sistemática categorías femeninas, lo que garantiza que el crecimiento no sea solo en la élite, sino en toda la pirámide.

El fútbol femenino en América Latina está lejos de haber alcanzado su techo. Todavía hay deudas pendientes, pero también una energía nueva que atraviesa el deporte. Con más apoyo institucional, inversión sostenida y compromiso social, el futuro ya no es una promesa: es una realidad que se está jugando hoy.

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