El cine nacional y su eterna lucha por llegar al público masivo

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Cada año se estrenan decenas de películas argentinas. Algunas logran cierta visibilidad en festivales o espacios culturales, pero muy pocas consiguen conectar con el gran público. La pregunta se repite: ¿por qué cuesta tanto que el cine nacional llene salas o se viralice en plataformas?

La respuesta es compleja. Por un lado, existe una gran diversidad de propuestas. Desde dramas íntimos y películas de autor, hasta comedias populares y thrillers políticos. Sin embargo, muchas veces esos contenidos no tienen la misma llegada ni la potencia de marketing que las producciones extranjeras. La cartelera comercial, dominada por tanques de Hollywood, deja poco espacio para lo local.

“El problema no es la falta de calidad. Es la falta de acceso. Si una película argentina se estrena en tres salas un jueves a las 22 hs, es muy difícil que alguien se entere”, dice Valeria Pacheco, crítica de cine y programadora.

El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) ha sido clave en la producción y financiamiento de muchas películas, pero los problemas de distribución y promoción persisten. Las redes sociales, que podrían ser una herramienta de democratización, a veces no alcanzan para generar interés masivo.

No obstante, hay excepciones. Películas como “Argentina, 1985” o “Relatos salvajes” lograron trascender las barreras habituales y conectar con audiencias amplias. ¿Qué las diferencia? Un tema potente, una narrativa atrapante y una campaña de difusión bien planificada. También ayuda que cuenten con figuras reconocidas.

Otro obstáculo es el prejuicio. Muchos espectadores asocian el cine nacional con productos lentos, oscuros o demasiado intelectuales. Aunque esa imagen no representa a toda la producción, sigue pesando a la hora de elegir qué ver.

“La clave está en diversificar y comunicar mejor. Hay películas nacionales para todos los gustos, pero no todos lo saben. Necesitamos más medios cubriendo cine argentino, más críticas accesibles, más campañas creativas”, opina Diego, distribuidor independiente.

Frente a esto, también surgen nuevas estrategias: alianzas con plataformas, ciclos gratuitos en barrios y escuelas, festivales online, y espacios alternativos como centros culturales, patios gastronómicos o proyecciones al aire libre.

El cine argentino no deja de producir, de buscar, de experimentar. Pero para que su voz se escuche, necesita algo más que una buena historia. Necesita visibilidad, apoyo y una audiencia dispuesta a mirar con otros ojos. Porque entre tantas pantallas, lo que falta no son películas. Lo que falta es conexión.

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