Mascotas exóticas: una moda que plantea serias preguntas éticas y ambientales

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Tortugas, iguanas, hurones, serpientes, loros africanos, incluso monos capuchinos. Cada vez más personas deciden adoptar animales exóticos como mascotas. Las redes sociales, con su desfile de rarezas, ayudan a popularizar esta tendencia que, lejos de ser inocente, despierta fuertes cuestionamientos éticos y ecológicos.

Muchos de estos animales son adquiridos por su apariencia llamativa, su “originalidad” o la idea de tener una mascota distinta a la convencional. Pero pocos se informan adecuadamente sobre sus necesidades reales. Alimentación específica, espacio adecuado, condiciones de temperatura y humedad, enriquecimiento ambiental… No todos están preparados para brindar eso en un departamento de ciudad.

“El problema no es solo el desconocimiento. Muchos de estos animales provienen del tráfico ilegal, una actividad que genera un daño ambiental enorme”, explica Noelia Montenegro, bióloga y especialista en conservación.

Argentina es uno de los países con mayor tráfico de fauna silvestre en Latinoamérica. Especies como el tucán, el loro hablador o el coatí son extraídas de su hábitat y vendidas como mascotas, muchas veces en condiciones de sufrimiento extremo. La mayoría no sobrevive al traslado.

A esto se suma el riesgo sanitario. Animales silvestres pueden transmitir enfermedades zoonóticas —es decir, que pasan de animales a humanos— como la salmonelosis, la psitacosis o incluso algunas más graves. Tampoco está claro cómo pueden reaccionar si se sienten estresados, amenazados o mal cuidados.

En muchos casos, cuando la mascota se vuelve difícil de manejar, es liberada en parques o zonas suburbanas, lo que representa una amenaza para la fauna nativa. Así ocurrió con especies invasoras como el caracol africano o ciertas tortugas acuáticas.

“Una mascota no es un objeto decorativo ni un capricho. Debe ser una elección responsable, basada en el bienestar del animal y en el respeto por la biodiversidad”, afirma Montenegro.

Frente a esto, algunas organizaciones promueven la tenencia de mascotas domésticas adoptadas y fomentan la educación ambiental desde edades tempranas. Porque, en última instancia, la pregunta no es solo qué animal queremos tener en casa. Es qué tipo de relación con la naturaleza estamos dispuestos a construir.

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