Autos eléctricos: ¿moda, marketing o revolución irreversible?

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Durante años fueron vistos como curiosidades tecnológicas, costosos juguetes para quienes podían pagarlos. Pero en la última década, los autos eléctricos pasaron de promesa lejana a realidad concreta. Con ventas récord, modelos para todos los bolsillos y una industria entera adaptándose, la movilidad eléctrica ya no es solo una tendencia: es un cambio estructural.

Tesla fue la punta de lanza, pero hoy casi todas las marcas tienen al menos un modelo eléctrico en su catálogo. Desde compactos urbanos hasta SUV familiares, los autos eléctricos dejaron de ser experimentos para transformarse en protagonistas del mercado. En países como Noruega, representan más del 80% de los vehículos nuevos vendidos.

El motivo principal es claro: los autos eléctricos no emiten gases contaminantes al circular. Esto, sumado a regulaciones cada vez más estrictas contra los motores de combustión, impulsa a gobiernos y fabricantes hacia una transición acelerada. Además, el costo de las baterías bajó notablemente, haciendo que los precios finales se acerquen a los de un auto convencional.

“Hoy, un eléctrico no solo es más limpio: también es más barato de mantener. Tiene menos piezas móviles, no necesita aceite, y el costo por kilómetro es mucho menor”, explica Germán Lillo, ingeniero automotriz especializado en electromovilidad.

Sin embargo, los desafíos siguen presentes. La autonomía —aunque mejoró mucho— aún es una limitación para algunos usuarios. La infraestructura de carga es insuficiente en muchas regiones, y la red eléctrica deberá adaptarse para soportar el nuevo nivel de demanda.

Además, existe un debate en torno al verdadero impacto ambiental. La producción de baterías requiere litio, cobalto y otros minerales cuya extracción puede ser muy contaminante. Y si la electricidad con la que se cargan los autos proviene de fuentes fósiles, el beneficio ecológico se reduce.

Aun así, la tendencia parece irreversible. Grandes fabricantes como Volvo, Mercedes-Benz y Ford ya anunciaron fechas límite para dejar de producir vehículos a combustión. Incluso países como Francia, España o Canadá proyectan prohibiciones de venta a partir de 2035.

Los autos eléctricos no son perfectos, pero son una de las piezas clave en el rompecabezas de la movilidad sustentable. Más que una moda, representan una transición tecnológica con profundas consecuencias sociales, económicas y ambientales.

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