En los últimos diez años, el running pasó de ser una actividad individual y silenciosa a convertirse en una práctica social masiva. Maratones colmadas, entrenamientos en grupo, clubes de corredores y hasta influencers especializados son hoy parte del paisaje urbano en muchas ciudades del mundo. Argentina no es la excepción.
El crecimiento es visible. Según datos de la Confederación Argentina de Atletismo, la participación en carreras callejeras se duplicó entre 2015 y 2023. Hoy, miles de personas corren no solo por salud, sino como parte de una comunidad.
“Empecé a correr para bajar el estrés del trabajo, pero lo que me enganchó fue el grupo humano. Hacemos viajes, nos apoyamos, entrenamos juntos. Ya es parte de mi vida”, cuenta Soledad, integrante de un club de running en Córdoba.
La accesibilidad es clave en este fenómeno. No se necesita más que ropa cómoda y un buen par de zapatillas. A diferencia de otros deportes, no hay barreras económicas importantes para empezar. Además, el running ofrece objetivos claros: superar marcas personales, completar distancias, mejorar el ritmo. Es una competencia contra uno mismo.
Las marcas deportivas y los organizadores de eventos han sabido capitalizar esta tendencia. Las carreras de 5K, 10K y 21K se han multiplicado. También las carreras temáticas: nocturnas, en la montaña, con obstáculos o incluso con disfraces. Todo suma al atractivo de esta disciplina.
“Lo que antes era una actividad solitaria se transformó en una red social en movimiento”, señala Martín Batalla, entrenador y exatleta. “La gente corre, comparte sus tiempos en redes, se compra relojes inteligentes, planifica vacaciones en función de las maratones”.
También hay un costado de marketing que no pasa desapercibido. Las grandes marcas promueven un estilo de vida saludable y aspiracional asociado al running: libertad, superación, bienestar. Para muchos, el simple hecho de correr con una remera de una carrera importante se vuelve un símbolo.
Sin embargo, algunos especialistas advierten sobre los riesgos de esta moda. Entrenar sin guía profesional, seguir rutinas copiadas de internet o forzar el cuerpo sin descansos adecuados puede traer consecuencias físicas serias.
Pese a todo, el fenómeno parece lejos de agotarse. Con cada zancada, más personas se suman a este movimiento que no solo transforma cuerpos, sino también vínculos, hábitos y ciudades.
En la línea de largada, ya no están solos. Son miles los que corren. Y cada uno, a su manera, está escribiendo su propia historia.