En tiempos donde la eficiencia energética y la sostenibilidad dominan el discurso automotriz, hay un rincón del mundo motor que se resiste a desaparecer: el de los autos deportivos. Aunque los eléctricos ganan terreno, la pasión por el rugido de un V8, la aceleración brutal y la conexión mecánica sigue viva como nunca.
Ferrari, Lamborghini, Porsche, McLaren, entre otros, continúan desarrollando máquinas que rozan la perfección técnica. No se trata solo de velocidad: es arte sobre ruedas. Cada curva de la carrocería, cada ajuste de la suspensión y cada sonido del escape están pensados para generar una experiencia visceral.
“La conducción de un deportivo es una conversación entre el auto y el conductor. No se trata solo de llegar rápido, sino de cómo se llega. Es algo emocional, casi espiritual”, comenta Franco Méndez, piloto aficionado y coleccionista.
Incluso marcas que lideran la revolución eléctrica, como Porsche o Lotus, mantienen líneas de alto rendimiento a combustión, o apuestan por híbridos deportivos como transición. La demanda sigue firme, sobre todo en mercados donde el automóvil es símbolo de estatus, pasión y libertad.
Además, la tecnología de los deportivos suele anticipar lo que más tarde llega a los autos de calle. Sistemas de suspensión adaptativa, frenos regenerativos, cajas secuenciales, asistentes de tracción: casi todos nacieron en el mundo del alto rendimiento.
Pero no todo es nostalgia. También hay una nueva generación de deportivos eléctricos que rompe récords. El Rimac Nevera, el Tesla Roadster o el Lotus Evija demuestran que la emoción no está limitada a los cilindros. Aunque el rugido sea sustituido por el zumbido, la aceleración y la precisión siguen siendo adictivas.
Aun así, muchos puristas creen que hay algo insustituible en el motor a combustión. La vibración, el sonido, el cambio manual, la necesidad de dominar la máquina. Y mientras haya quienes lo valoren, los deportivos seguirán teniendo un lugar reservado, aunque sea como lujo, colección o experiencia.
Quizás en unos años el superdeportivo perfecto combine lo mejor de ambos mundos: potencia eléctrica, sonido artificial configurable y una experiencia de manejo personalizada. Pero mientras tanto, los amantes del octanaje siguen celebrando cada nuevo modelo como si fuera el último.