Mascotas en la ciudad: cómo cambió la relación entre humanos y animales en los últimos años

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En plazas, balcones, colectivos y redes sociales, las mascotas son cada vez más protagonistas. Lejos de su antiguo rol funcional, hoy ocupan un lugar central en la vida urbana. Perros, gatos y hasta conejos o erizos se integran como miembros plenos de la familia, con derechos, rutinas y hasta perfiles en Instagram.

Este cambio no es solo una moda. Es el reflejo de una transformación cultural profunda, donde los vínculos afectivos entre humanos y animales se redefinen. La soledad urbana, el estrés cotidiano y la búsqueda de compañía impulsan relaciones más intensas y emocionales con las mascotas.

“Hace veinte años, un perro era simplemente un perro. Hoy es hijo, compañero o incluso heredero”, bromea —con algo de verdad— Martín Aguirre, veterinario con más de 25 años de experiencia.

La industria también lo sabe. El mercado de alimentos premium, servicios de estética, paseadores profesionales, seguros veterinarios y hasta terapias alternativas para mascotas crece sin pausa. Existen hoteles pet friendly, cementerios especializados y aplicaciones para citas entre perros. Todo un universo adaptado al nuevo estatus de los animales.

En paralelo, se refuerza la conciencia sobre el bienestar animal. Crece la adopción responsable, se multiplican las campañas de esterilización y muchos municipios implementan políticas públicas orientadas al cuidado animal. La tenencia responsable dejó de ser un concepto marginal para instalarse como norma social.

Sin embargo, no todo es idílico. La urbanización acelerada, la falta de espacios verdes adecuados y la sobrepoblación en refugios siguen siendo desafíos importantes. También hay quienes critican la “humanización” excesiva de las mascotas, advirtiendo que se las somete a dinámicas que no siempre respetan sus necesidades naturales.

“Queremos que vivan como humanos, pero se nos olvida que son animales con otros ritmos, otros lenguajes, otros límites”, advierte Laura Casariego, etóloga y especialista en comportamiento animal.

Aun así, el fenómeno parece irreversible. Las mascotas ya no son solo parte del paisaje doméstico: son protagonistas culturales, símbolos de una nueva sensibilidad y testigos cotidianos de nuestras vidas. En un mundo cada vez más vertiginoso, el amor incondicional de un animal sigue siendo, para muchos, un refugio necesario.

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