Por qué las series extranjeras arrasan en Argentina (y qué dice eso del público local)

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No importa si se trata de un drama coreano, una comedia inglesa o un thriller escandinavo: las series extranjeras viven un verdadero boom en Argentina. En cualquier casa, grupo de WhatsApp o conversación de oficina, es común escuchar referencias a ficciones producidas a miles de kilómetros. Pero, ¿por qué enganchan tanto? ¿Y qué dice eso de los gustos locales?

Una de las claves está en la variedad. Plataformas como Netflix, Amazon Prime, HBO Max o Disney+ ofrecen una diversidad que hace apenas una década era impensada. Ya no hay que esperar que un canal de aire compre los derechos y lo emita doblado en horarios perdidos. Hoy, con un clic, se accede a estrenos globales, subtitulados o en versión original.

“Estamos viviendo una especie de globalización cultural en tiempo real. Hay series israelíes, turcas, suecas o coreanas que se vuelven fenómenos acá porque tocan emociones universales”, explica Juan Zubieta, analista de contenidos audiovisuales.

Otro factor es la producción de alto nivel. En muchos casos, estas ficciones cuentan con presupuestos millonarios, tecnología de punta y equipos creativos que logran romper moldes. El espectador argentino, acostumbrado a años de repeticiones y fórmulas gastadas en la televisión local, encuentra en estas series una experiencia más intensa, ágil y atrapante.

También hay una cuestión aspiracional. Las ficciones extranjeras suelen mostrar realidades distintas, modos de vida lejanos, paisajes nuevos. Para muchos, ver una serie extranjera no es solo entretenimiento: es un viaje, una ventana a otro mundo.

Pero este fenómeno también genera tensiones. Algunos críticos advierten que la sobreoferta de productos internacionales puede invisibilizar la producción local. Otros señalan que el público argentino está perdiendo costumbres culturales propias, como el seguimiento diario de una novela nacional o la identificación con ciertos acentos, códigos o costumbres.

“El desafío no es competir contra las series extranjeras, sino aprender de ellas. Incorporar sus niveles de calidad, ritmo y profundidad, pero sin perder la identidad”, dice Estela Ramírez, guionista de ficción.

Mientras tanto, el público argentino sigue eligiendo sin prejuicios. Lo que importa no es el idioma, el país o la procedencia, sino la historia. Y si esa historia atrapa, emociona o sorprende, poco importa si fue filmada en Buenos Aires, Seúl o Estocolmo.

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